Mostrando entradas con la etiqueta JUVENIL. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta JUVENIL. Mostrar todas las entradas

lunes, 16 de mayo de 2022

MICRORESEÑAS 1ª QUINCENA DE MAYO

TÍTULO: LA CHICA ITALIANA

AUTORA: LUCINDA RILEY

EDITORIAL: PLAZA&JANÉS

GÉNERO: NARRATIVA

SINOPSIS:

Rosanna Menici es muy joven cuando conoce a Roberto Rossini, el hombre que le cambiará la vida. En los años siguientes, sus destinos se verán entrelazados por sus extraordinarios talentos como cantantes de ópera y también por su incombustible pero obsesivo amor, un amor que acabará afectando las vidas de todos los que los rodean. Porque, como Rosanna descubrirá poco a poco, su unión está marcada por terribles secretos del pasado...

Desde las pintorescas calles de Nápoles hasta los deslumbrantes escenarios de los más prestigiosos teatros del mundo, el viaje de Rosanna es una emocionante historia de pasión, traición y autodescubrimiento.

OPINIÓN Y VALORACIÓN PERSONAL:

La chica italiana es una de las primeras novelas de Lucinda Riley, aunque no se publicó hasta después de su gran éxito con la saga de Las siete hermanas, cuando junto con sus editores decidió recuperar y reescribir este manuscrito para su posterior publicación.

Creo que es una historia con garra y aunque Lucinda no había desarrollado su máximo potencial como autora al escribirla, hace gala de una pluma impecable y consigue que nos metamos en la piel de los personajes.
Esta es una historia de amor tóxico, que nos traslada de Nápoles a Milán y posteriormente a Inglaterra y Nueva York. A  lo largo de los años veremos como evoluciona la relación de Roberto y Rosanna. Ambos son cantantes de ópera y el amor platónico que ella siente en la infancia por él, la diferencia de edad y los roles de  ambos una vez juntos, nos mostrarán un amor obsesivo, dañino y que deja a Rosanna anulada por la personalidad arrolladora y petulante de su marido. 
Lo mejor en mi opinión es que no romantiza ese amor y aunque sí lo muestra como algo inevitablemente trágico, (muy acorde con la profesión de los personajes), nos muestra las consecuencias de esa relación insana y el precio a pagar por los errores cometidos. A pesar de todo, es una historia bonita de superación, que huye de los estereotipos, "completamente bueno, completamente malo", con una historia secundaria que no es original pero si que está muy bien contada. 
Y sobre todo, siempre es en mi opinión un placer leer a esta autora.

PUNTUACIÓN: 4/5📚

***

TÍTULO: LA PIEL

AUTORA: ELISA MAYO

EDITORIAL: AUTOPUBLICADO

GÉNERO: ROMÁNTICO

SINOPSIS:

Cuando no eres capaz de mirarte en el espejo, evitas incluso que te toquen.
¿Cómo es una vida sin caricias?
Y, ¿cómo se despierta una piel?

Cuando una parte de tu cuerpo se detiene, ¿cómo se sigue avanzando?

Cuando sientes que algo no encaja, ¿cómo colocas las piezas del puzle?

Esta es una historia de amor; de amor hacia uno mismo, de mirarse el interior, de arrancarse los miedos... DE VIVIR.


OPINIÓN Y VALORACIÓN PERSONAL:
 
La piel, es una historia bonita y sencilla. 
Narrada en varias voces, nos cuenta la historia de Nara, una chica joven que sufrió un percance tres años atrás que le dejó secuelas físicas y emocionales. Desde entonces vive con su hermano Adán y ha dejado parte de su vida en pausa.
Su trabajo implica también ayudar a otras personas a recuperarse de lesiones pues es fisioterapeuta, pero como pasa muchas veces, a Nara se le da mejor cuidar de otros que de sí misma.
La piel es  una historia de superación de los miedos, llena de esperanza. Y también es un relato coral en que conoceremos a Yago que debe volver a vivir después de un accidente, a Romeo y a su hermana que han vuelto a reabrir el bar de su abuelo, a Adán que debe enfrentarse a la adolescencia de su hijo Noel, un chico que vive en la piel equivocada y a Eva, la mejor amiga de Nara que tiene un amor platónico desde siempre.
Me ha gustado especialmente por como explica el tema sensorial. Cómo despierta una piel dormida y dañada. Como volver a vivir después de tiempo simplemente sobreviviendo. Todo lo que cuenta el libro está explicado con mucho tacto y sensibilidad.
Algunas reflexiones se me han hecho algo reiterativas, pero en general una lectura gratificante.

PUNTUACIÓN: 3'5/5 📚

***

TÍTULO: LA ELEGIDA (LA SELECCIÓN-3)

AUTORA: KIERA CASS 

EDITORIAL: ROCA EDITORIAL


GÉNERO: JUVENIL, DISTOPIA, ROMÁNTICO

SINOPSIS:

La situación en Palacio es cada vez más peligrosa. Los rebeldes atacan tanto por el norte como por el sur y America, las chicas que siguen en la selección y Maxon se encuentran en verdadero peligro.

Mientras esta situación se vuelve cada vez más acuciante, la disyuntiva en la que se encuentra America tampoco es mucho mejor: debe escoger entre su primer amor, Aspen, y el príncipe Maxon, quien poco a poco ha ido conquistándola. Eso sin tener en cuenta que el príncipe debe escogerla a ella también de entre las seis seleccionadas que podrían convertirse en su esposa y que aún permanecen en palacio.

Luchas políticas, amor, violencia, dudas? America deberá tomar decisiones que cambiarán el curso no solo de su vida, sino de todo aquel que la rodea. La elegida es el trepidante desenlace de la trilogía La
 selección.

OPINIÓN Y VALORACIÓN PERSONAL:

Lo he pasado genial leyendo esta trilogía y la verdad que este es el libro que he disfrutado más.  
Descubrimos mucho más de Maxon y su vida anterior a La Selección. La visión del rey acerca de su reinado y el papel de su heredero y cuantos les rodean. Hay más acción y diversos giros argumentales, sorprendentes algunos de ellos, especialmente cuando te vas acercando al final. 
Las relaciones diplomáticas y la voluntad de cambio en las nuevas generaciones frente a una monarquia que en muchos aspectos se ha quedado obsoleta y especialmente la sororidad por encima de la competitividad, creo que son valores muy positivos para el público juvenil para el que parece indicado el libro. Personalmente, creo que las buenas historias no tienen edad. Esta en concreto,me ha parecido completamente adictiva.
La recomiendo como lectura de evasión. Tenéis el pack de La selección disponible con la suscripción de Amazon Prime.

PUNTUACIÓN: 4/5 📚









 



jueves, 17 de diciembre de 2020

LA CANCIÓN PERFECTA

TÍTULO: LA CANCIÓN PERFECTA

AUTORA: ERIN HAHN

EDITORIAL: LIBROS DE SEDA

GÉNERO: LITERATURA JUVENIL, ROMÁNTICA

SINOPSIS:

Dos estrellas de la música: una que detesta la fama (ella) y otra que la necesita en su gira (él). Y cuando el amor estalle, ¿podrán mantenerlo lejos de los focos?
Si Clay Coolidge, una súper estrella de la música country de dieciocho años, no logra convencer a Annie Mathers para que se una a su gira veraniega, la discográfica que lo representa lo dejará caer. Eso es lo que pasa cuando tu imagen de chico malo se convierte en realidad en la de chico con mala vida.
Annie es la heredera de una dinastía de la música country que vio cómo sus padres desaparecían de manera trágica. Detesta la fama y lo único que se permite es mantener su canal de YouTube, donde los seguidores se cuentan por miles.
La discográfica quiere a Annie, por lo que Clay utilizará todo su encanto y desplegará todo su atractivo para conseguir que acepte acompañarlo en la gira. Y lo logra: Annie y su grupo aceptan. Sin embargo, lo que ella no está dispuesta a aceptar de ninguna manera es mantener una relación bajo el escrutinio los focos que podría acabar como la de sus padres.

OPINIÓN Y VALORACIÓN PERSONAL:
La canción perfecta, es más de lo que parece, no se si es la mejor manera de empezar una reseña, pero así la definiría en una frase. Me gustó su portada y temática y la editorial  Libros de Seda me facilitó la colaboración, cosa que les agradezco enormemente.

Ambientada en la cuna de la música country, (Nashville, Indianápolis, etc), este es su primer punto positivo, pues consigue introducirte en ese mundo rural americano de trabajo en el campo, bares con música en directo y valores patrióticos y algo tradicionalistas.


 Empieza siendo una historia de músicos adolescentes de gira, con el típico cliché de chico malo (no mucho) y chica inocente (que no tonta) y aquí es donde os cuento porque pienso que es más de lo que puede parecer al principio: conforme va avanzando la narración y vas conociendo a los personajes principales y sus duras historias; contadas con mucho acierto y sin recurrir al drama lacrimógeno, vas empatizando con ellos de una manera sorprendente.

 Entre intereses discográficos, amistad, romance y celos personales y profesionales, vamos conociendo a Clay (Jeffersson) y Annie, llegando con ellos a un punto de inflexión entre la adolescencia y la primera adultez, mientras recorren un camino inverso: Clay debe decidir si el camino de los grandes estadios llenos de espectadores, la música comercial y el alimentar la imagen que transmite, es lo que quiere. Annie por su parte debe vencer el miedo a crecer como artista, pues es una compositora e intérprete con un talento tan grande, como el miedo que tiene a dejarse engullir por la industria y repetir la historia de sus padres. Ambos protagonistas deben enfrentar el pasado volviendo a sus orígenes y cerrar heridas muy profundas para poder avanzar, pues la música es algo a lo que son incapaces de renunciar. Ese trabajo de personajes y como la autora nos los va dando a conocer a través de su entorno: familiares, amigos (especialmente Fitz: el mejor amigo de Clay, pero también de su hermano) y vivencias, es lo que me ha ido conquistado siendo para mí una lectura que ha ido de menos a más. Y aunque pueda parecer lo contrario, esta no es la típica historia de cantantes atormentados, pues la gran pasión que sienten por lo que hacen, termina siendo un motor de construcción y no de destrucción, por lo que su mensaje es tremendamente positivo.
 Obviamente, la música es un elemento transmisor de emociones durante toda la narración, a veces de forma divertida, espontánea o intimista, dependiendo del momento. Conoceremos las composiciones de Clay y Annie,  a la  vez que se hace mención y también tributo a ídolos reales de la música country como Johny Cash y June Carter o a canciones como la archiconocida Jolene de la gran Dolly Parton, que tiene una pequeña aparición en el libro. Tiene escenas muy visuales en que te sientes partícipe de sus actuaciones y momentos emotivos pero también divertidos, pues sus personajes son adolescentes y a pesar de todos sus pesares, te transmiten su alegría de vivir.


CONCLUSIÓN: 

La canción perfecta ha resultado una lectura que me ha ido convenciendo capítulo a capítulo. Muy recomendable para amantes de la música en general y especialmente del country y a jóvenes y no tan jóvenes lectores que disfruten de las historias con mensaje positivo. 
Con una edición cuidada y bonita, una buena tradución y una perfecta corrección, tiene un final brillante y terminas el libro un poquito más contenta con el mundo, al menos, yo así lo he vivido.
Es ideal para regalar estas fiestas a hijos adolescentes, sobrinos y lectores de todos los niveles que creáis que la puedan apreciar, pues las buenas historias no entienden de géneros literarios.

PUNTUACIÓN: 4/5📚

"La música country es como el instituto: todo el mundo se conoce."

***
"Todo este tiempo , sin siquiera pretenderlo, he visto a Annie como mi salvación. Mi luz al final de este maldito túnel. Su nombre salvaría mi reputación, su pasión inspiraría mi música. Su amor me salvaría.
Y todo este tiempo ella me ha visto a mí como su perdición. Su conclusión inevitable. Yo la destrozaría y ella me lo estaba permitiendo"

***
Si habéis llegado hasta aquí y os ha gustado esta entrada, os animo a compartirla y /o a seguir este blog que acoge con mucha ilusión a nuevos seguidores/as 😉
Y sobre todo, ¡mil gracias por leerme!

lunes, 16 de noviembre de 2020

PRESENTACIÓN Y EL MUNDO NO DEJABA DE GIRAR

 

Y EL MUNDO NO DEJABA DE GIRAR

¡Hola lectores del blog y también a todas/os los que hayáis llegado a esta entrada!

Esta jueves sale a la venta Y el mundo no dejaba de girar de Susanna Herrero, una autora que ya es habitual en el blog y de la que me complace mucho tener novedades tan bonitas como esta. Cómo muchas sabréis, Susanna ha ganado recientemente el premio Jaén de Narrativa Juvenil 2020 y ha sido tan amable de venir a presentarnos este trabajo aquí en el blog, cosa que le agradezco muchísimo. 

(Noemí): Antes que nada, ¡felicidades de nuevo Susanna y bienvenida!

(Susanna): Muchas gracias Noemí, muy contenta de volver a estar de nuevo por aquí :)

(Noemí): Vamos a ver Susanna, explícanos un poco pues no nos esperábamos esta sorpresa:

¿Qué te llevó a presentarte al premio Jaén de Narrativa Juvenil 2020, estando inmersa cómo estás en la escritura de la serie Cabana? 

(Susanna): Un impulso. Un latido del corazón que te dice: "Sí". Creo que esa ha sido la dinámica con este manuscrito desde el principio. Lo escribí también por un impulso, por un latido del corazón que te dice: "Sí". Yo estaba inmersa en otra historia y tuve que dejarlo todo para ponerme con Usune y Paul. El manuscrito llevaba año y medio en mi cajón. No sabía qué hacer con él. No sabía si publicarlo o no. Lo dejé en manos del destino. Pensé: "Si alguna vez tengo que publicarlo, el tiempo lo dirá". Cuando fui conocedora del premio Jaén de Narrativa Juvenil, pensé: "El destino ha llegado". Fue un enorme SÍ. Lo presenté y… aquí estamos.

(Noemí): Vamos, que el corazón te hizo pum... no se porqué, eso me recuerda a la pequeña de "los Cabana", supongo que es algo muy tuyo (risas)

(Susanna): Sí, más o menos (risas)

(Noemí): ¿Crees que los jóvenes de hoy en día se identificarán con Usune y Paul? ¿Qué les dirías para animarlos a leer ahora que parece que cada vez les cuesta más hacerlo con tanto contenido digital a su alrededor?

(Susanna): Creo que sí se identificarán. Creo que este libro está dirigido a una franja de edad enorme, porque todos tenemos o hemos tenido diecisiete/dieciocho años. Los que se encuentran en esa edad ahora se verán reflejados en ellos y los que dejamos atrás esa edad la recordaremos a través de Usune y Paul. Sé que hay muchísimo contenido digital hoy en día, pero no son rival para las personas que realmente descubrimos lo que significa LEER. Y puedes descubrirlo a los siete años, a los veinte o a los sesenta. No hay edad. Leer es vivir millones de aventuras apasionantes, es sentir, es volar, es amar, es llorar, es reír, es perderte en las páginas durante horas y olvidarte del tiempo y del espacio. Ojalá Usune y Paul obren su magia y consigan teletransportaros a su mundo.

(Noemí): ¿Y qué les decimos a las lectoras o lectores qué descarten esta historia por estar catalogada en “Narrativa juvenil” y que puedan pensar que no es para ellos?

(Susanna):  Vale, creo que he contestado un poco a esto en la pregunta anterior, jajaja. Usune y Paul es narrativa juvenil por la edad de los protagonistas, pero los valores y el mensaje que os quieren mostrar no tienen edad. «Y el mundo no dejaba de girar» es un libro que habla del primer amor, sí, pero también habla de familia, de relaciones intergeneracionales, de tomar decisiones muy complicadas, de crecimiento personal, de lealtad. Creo que hay que darle una oportunidad. Yo se la di y estoy muy orgullosa de haberlo hecho. Y de ellos.

(Noemí):  Empezaste con «Los saltos de Sara» para después de un tiempo ganar este premio con «Y el mundo no dejaba de girar». ¿Tienes predilección por este tipo de género?

(Susanna): Jeje, pues creo que sí. Es cierto que después de «Los saltos de Sara» he estado inmersa en historias más adultas, pero mi amor por este genero está ahí y sale de una manera u otra. Me encanta escribir sobre la cantidad de emociones y de experiencias nuevas que vivimos las personas en esas edades. ¿Quién no recuerda su primer beso, las primeras personas que les hicieron «tilín» en el estómago, las emociones al sentirse mayor de edad por fin? En definitiva, las primeras experiencias. Si lo piensas, hasta en la serie Cabana hablo sobre ello, jajaja. No puedo evitarlo. Me encanta. Me parece algo maravilloso y no me cansaré nunca de escribir sobre ello.

(Noemí ): ¿Qué ha significado para ti ganar el premio Jaén de Narrativa Juvenil 2020? ¿Crees qué un reconocimiento a tu trabajo?

(Susanna): Pues es una pasada. Si esto me lo dices hace un año, no te creo. Es un reconocimiento a mi trabajo increíble, sí, creo que hay una evolución importante en mí, como escritora, desde Sara hasta Usune y que te lo reconozcan es un subidón y algo de lo que sentirse orgullosa de una misma, pero es mucho más. Y lo es porque ha sido precisamente con ellos. Cuando escribí su historia, yo pasaba por un momento familiar muy delicado, había sufrido una pérdida importante. Usune y Paul fueron parte de mi cura y les estaré eternamente agradecida. Este premio es como decirles a ellos: «Guau, chicos, sois increíbles. Lo habéis hecho muy bien. Enhorabuena». De verdad, no puedo estar más orgullosa de ellos. Se lo merecen todo. Y me callo ya porque me emociono y todo.

(Noemí): Me alegro mucho de que así sea, si esta es una historia tan especial para ti 😌😀

Por último, explícanos un poco de Usune y Paul... drama, humor, romance… ¿Un poco de todo? ¿Vamos a odiarte mucho? Jejeje.

(Susanna): Jajajaja. Pues yo creo que no, que en esta ocasión no vais a odiarme. Es cierto que este manuscrito tiene un puntito de drama importante, no quiero adelantaros nada, ya lo veréis. Pero también tiene amor, amistad, humor (indudablemente, tiene mi toque, jajaja), y yo diría que incluso algo de aventura. Es una historia que no sigue el «patrón» de novela romántica. Me refiero, lo que nos encontramos más a menudo en este género es un inicio donde los protagonistas se conocen o se reencuentran, un tira y afloja entre ellos hasta que por fin se «enrollan», un tiempo de felicidad viviendo su amor, un conflicto que los separa y un desenlace feliz. Pues bien, esto no es así en Usune y Paul, no estrictamente, ellos le dan una vuelta de tuerca a la estructura en algunos aspectos, en uno de ellos sobre todo. Creo que su historia es más «real» que lo que solemos encontrar en los libros. No sé, ya me lo diréis. Jeje. Lo único que puedo adelantaros es que yo creo que es de esas historias en las que cierras la última página con una gran sonrisa y alguna que otra lagrimilla de emoción. Creo que vais a quererlos mucho. Ojalá que sí.

(Noemí): Seguro que sí, además te deseo lo mejor y todas/os tus lectores también por todas las buenas y entretenidas hora que nos das con tus libros. Un beso enorme😘

Susanna nos comparte a continuación un fragmento de la historia de Usune y Paul❤️

(Susanna): Espero que os guste,¡gracias de nuevo y un abrazo para todas vosotras también!🙋

***



A continuación Susanna nos avanza para todas/os los lectores del blog el primer capítulo de Y el mundo no dejaba de girar. Espero que lo disfrutéis: 



Llegaba tarde. Muy tarde.

Era mi primer día de clase, el primer día de mi último año en el colegio, y llegaba tarde.
Inserté mi pase anual en una de las máquinas del metro y adelanté por la derecha a tres, cuatro, cinco, seis personas antes de llegar a las escaleras mecánicas. Di gracias porque el resto de los usuarios del metro de Bilbao, que no tenían que subirlas corriendo, como yo, se hubieran situado de manera ordenada en la parte derecha y me permitieran pasar.

Alcancé la ansiada salida y tuve que cerrar los ojos cuando los rayos del sol se proyectaron de pleno sobre mi rostro; a pesar de ser las ocho y cincuenta y cinco minutos de la mañana, brillaban con intensidad.

Reparé en que la figura verde del semáforo parpadeaba a toda velocidad, lo que significaba que debía detenerme y esperar —era un paso de cebra de los largos—, pero lo crucé de igual forma. Eso sí, con la misma rapidez.
De ahí al colegio aún me quedaba un kilómetro.
Reconozco que solía llegar tarde a clase dos de cada tres días, pero no era culpa mía. No del todo. Vivir en un pueblo costero, a veinticinco kilómetros al norte de Bilbao, favorecía la causa. Y que solo partieran tres trenes a la hora, también, porque si lo perdías, malgastabas veinte minutos. ¿Y quién sale de casa con veinte minutos de margen?

Yo no, quedaba claro. Y el asunto es que el despertador sonaba con tiempo de sobra: yo lo escuchaba y me levantaba a la primera, pero, después, mientras desayunaba y me preparaba para salir de casa, el tiempo transcurría demasiado rápido, como si los segundos jugaran al parchís y comieran veinte cada dos por tres. Era una cosa muy rara.
Y no había más alternativas de transporte. Ir andando no era una posibilidad. Coche no tenía (ni tampoco carné de conducir, ya que estamos; tan solo contaba diecisiete años), y el autobús de línea era un misterio sin resolver: nadie sabía cuándo pasaba.

No perdí ni un segundo en mirar hacia la fuente de la plaza que hay cerca de la estación de metro, y que era donde había quedado con mis dos amigos; ya habrían tirado para el colegio. Y no los culpaba. ¡Era el primer día de clase! Y dada mi costumbre de llegar tarde… Pues eso, que no los culpaba.

Corrí durante minutos hasta que por fin distinguí el edificio al fondo. Para aquel momento, sudaba como un pollito: patinaban a placer por mi piel recién duchada gotas calientes en la espalda, la frente, las axilas y el cuello. Las medias de color azul marino —parte del uniforme escolar— también habían caído. Se encontraban a la altura de los tobillos, pero, por razones más que obvias, no me detuve para colocarlas en su sitio. Sí tuve que parar un segundo a causa del jersey —azul marino también— que llevaba atado a la cintura, y que habría aterrizado en el asfalto de no ser porque lo cogí al vuelo con la mano izquierda.
No dejaba de pensar que todo era mucho más sencillo cuando solo tenía que bajar a la calle desde mi casa y coger el autobús escolar. Pero en los últimos cuatro cursos de mi colegio no había autobús. De hecho, era otro colegio. Bueno, era el mismo, pero en otro edificio situado en otra zona de la ciudad.

Por fin llegué al lugar donde pasaba más de ocho horas al día, pero la puerta verde de la entrada principal me miró imperturbable, conocedora de que yo no podía cruzarla. Esa puerta permitía solo el acceso a los mayores, los de último curso, o a los familiares de los alumnos; el resto de los mortales debíamos subir una cuesta dantesca para acceder a las instalaciones del colegio por nuestra entrada habitual. Por la puerta de atrás, digamos.

Subí la pendiente a todo correr, los pulmones más fuera que dentro (y eso que era corredora habitual, pero no es lo mismo correr por deporte que correr porque llegas tarde y, además, portando una mochila llena de libros nuevos que pesaban como cinco kilos), y giré a la derecha en cuanto llegué a la cima.

Y… sorpresa.

Se me encendió la luz al distinguir el portón de metal por donde llevaba entrando al colegio tres años: yo ya era oficialmente una estudiante de último curso, y la puerta verde que acababa de dejar atrás, la «puerta de los mayores», era mi nueva puerta. Ahogué un gemido sin detenerme. No iba a regresar sobre mis pasos; entraría con los pequeños.
Estaba a punto de llegar cuando vislumbré que se cerraba; serían las nueve de la mañana más que pasadas, y por experiencia sabía que cuando esa puerta se cerraba, no volvía a abrirse hasta la hora de salida. Jamás de los jamases.

—¡Espera! ¡Espera, por favor! —grité para disuadir a la profesora en cuestión de que la cerrara del todo.

La hoja se detuvo a medio camino, y aproveché para colarme por el resquicio que había quedado y que me daba acceso, por fin, al colegio.

—¿Usune? —me preguntó ella extrañada. Se trataba de una de mis profesoras favoritas. Aunque ya no era profesora, puesto que hacía años que había dejado la enseñanza para ocuparse de funciones puramente administrativas, pero nos conocíamos desde que yo era una niña, cuando ambas estábamos en el otro edificio, y siempre habíamos tenido una conexión especial. Era una mujer mayor, con el pelo cano y los ojos muy verdes y rodeados de arruguitas.

Le di un beso rápido en la mejilla por dejarme entrar y desfilé por su lado como una exhalación para llegar a mi aula; no podía entretenerme más.

—¡Ya no tienes que venir por aquí! Ay, Usune, ¿dónde tienes la cabeza? ¡Los mayores entráis por abajo! —me gritó desde la distancia que yo ya había abierto entre nosotras.

—¿Dónde está el aula de D? —grité a mi vez, sin mirar atrás.

—¡En la planta baja! ¡La última del pasillo! ¡Por eso los alumnos de último curso entráis por abajo!

«Tiene todo el sentido, sí».

Entonces me tocaba bajar cuatro pisos. Uno, por escaleras estrechas de madera que resonaban bajo mis pisadas como si estuvieran a punto de quebrar, y otros tres, acabados en mármol. Aquel fue un maratón en toda regla. Para cuando llegué a la puerta de mi nueva aula, era un despojo humano.

Pasé sin llamar y sin detenerme a mirar la hora en mi reloj: eran más de las nueve, seguro. Y más de las nueve y diez, también.

—Hola. Perdón por el retraso —dije, nada más entrar, a todos en general.

Bien. Me encontraba en una clase nueva. Con compañeros nuevos (en su gran mayoría). Sudada. Con la respiración agitada. Muy agitada. La mochila colgaba de un asa a la altura de mi costado; se me había caído durante la carrera y, de nuevo, por razones obvias, no me había detenido a colocarla bien. Tenía la mirada desenfocada, no sabía ni hacia dónde mirar. Y todos fijaban su atención en mí. No soy una persona introvertida, pero aquello me hizo sentir un tanto avergonzada. Creo que hasta me encogí. A nadie le gusta ser el centro de atención.

—¡Piojo! —exclamó con sorpresa y en voz alta un alumno desde las últimas filas, junto a la pared. Sorpresa que le duró poco; enseguida recobró su desdén habitual—. Te has confundido de clase. Jamás pensé que te vería cometer un error de ese calibre.

Reformulo. A casi nadie le gusta ser el centro de atención. Porque a Paul Uribe, por ejemplo, le daba exactamente igual. También le encantaba que todos rieran sus observaciones en voz alta, como sucedió en aquella ocasión. Sabía que era él, a pesar de tener aún la vista algo nublada y de no distinguir su rostro del todo, porque era su voz, su entonación y su acento. Que me pongan a cien chicos con cien voces diferentes en una sala y que griten todos a la vez: reconocería la de Paul a la primera. Sin dudarlo.

No tuve tiempo de aniquilarlo con la mirada por dirigirse a mí como «piojo». Vale que me llamaba así desde que tenía uso de razón, pero eso no significaba que yo lo aprobara. O que dejara pasar sus pedanterías y provocaciones. Paul Uribe era…

El carraspeo de la profesora me apartó de mis cavilaciones. Dirigí a ella la mirada: estaba sentada a la mesa, al lado de la pizarra, encima de la tarima, y me pregunté si yo seguiría cayéndole regular. O si me recordaría. Me había dado clase dos años atrás y era la única profesora con la que nunca me había llevado totalmente bien. Y ese último año era mi tutora. Bravo.

—Usune, buenos días, querida. No sé cómo hacéis las cosas los de ciencias, pero los de letras llegamos a clase a la hora. Y aún más el primer día.

«Vale. Sigo sin caerle bien».

Esa referencia a «los de ciencias» y «los de letras» era un ataque directo al curso de mis decisiones con el paso de los años.

Dos años atrás nos había tocado elegir el rumbo que tomarían nuestras vidas: o ciencias o letras. Yo en ese momento no sabía qué quería ser de mayor, así que elegí ciencias por aquello de no cerrarme puertas. Mi cabeza funcionaba de esa manera con quince años: si cursaba la rama de ciencias, podría estudiar cualquier carrera universitaria; sin embargo, si me decantaba por las letras, diría adiós a todo el linaje de las ciencias.

No fue una decisión fácil: mis dos mejores amigos habían optado por las letras, y aunque me llevaba bien con el resto de mi clase, no tenía demasiada confianza con nadie; además, me juntaría con alumnos con los que nunca había coincidido, pero, a pesar de todo eso, tenía clarísimo que no me iría a letras solo por seguir los pasos de mis amigos. Por muy desabrigada que me sintiera sin ellos.

Después de todo un año de estudiar física, química, matemáticas y dibujo técnico, seguía sin saber qué quería ser de mayor, aunque sí sabía que, para empezar, me gustaría estudiar Filología Inglesa. Y luego ya vería. La química me encantaba, y las matemáticas también, pero ganó la lengua: cosas locas de la vida. Lo había hablado con mi tutora (con la anterior, una a la que yo sí le caía bien) y esta me indicó que, haciendo una excepción, me permitían cambiarme a letras para mi último año.

Y ahí estaba.

—Sí, perdón —me excusé con la profesora de literatura. Las palabras «no volverá a pasar» estuvieron a punto de salir de mi boca, pero no consideré prudente mentirle de manera tan descarada.

—¿El metro se ha averiado? —me preguntó con sorna. Aquella mujer se pasaba media vida sumergida entre autores y escritos antiguos, contaba con un vocabulario un tanto envejecido y se le daban de maravilla el cinismo y la ironía. Y el metro era la excusa número uno de los alumnos.

—Mmm… no —respondí con sinceridad. No estaba dispuesta a empezar, o continuar, mi relación con ella con peor pie que con el que ya lo había hecho.

—Pasa y siéntate —me dijo a continuación, devolviendo la mirada a los papeles sobre su mesa—. Vas a tener que ponerte al día con mi asignatura; has perdido un curso entero.

«Vale. Me odia».

—Si quieres te puedo dar unas clases, piojo, te las cobraré baratas.

Le saqué el dedo corazón a Paul Uribe mientras me alejaba de la puerta y me metía de lleno en el aula. Mis dos amigos levantaron la mano para señalarme su posición.

—Yo también me alegro de que volvamos a estar en la misma clase, va a ser un año interesante —me indicó Paul como respuesta a mi gesto a la vez que me guiñaba un ojo.

Su afirmación, una vez más, generó risitas en algunos y carcajadas en otros. Siempre lo hacían. Lo ignoré y me acerqué a la mesa de Maia y Unai, mis amigos, que estaba a la misma altura que la de Paul, pero en el otro extremo.

El aula se dividía en diez mesas largas e indivisibles con tres alumnos cada una (cinco filas a la derecha y otras cinco a la izquierda); en el medio, un estrecho pasillo por el que circulaba la profesora. Mis amigos ocupaban la penúltima a la derecha, o la cuarta, vista desde la panorámica del profesor. Bien, cuanto más lejos, mejor. Me habían dejado una silla libre al lado del pasillo.

—¿Dónde estabas? ¡Habíamos quedado a y media! Solo tú podías llegar tarde el primer día —me susurró Maia—. Te hemos esperado hasta menos diez. ¿Y tu móvil?
—En casa.
—Cómo no…

Me dejé caer derrotada en la silla (no me quité ni la mochila) sin contestar a su pregunta. «Luego», le dije con los ojos, y por fin respiré.

—Bien —comenzó la profesora—, ahora que Usune se ha dignado a venir a clase y que estamos todos —alcé los ojos hacia el techo—, os diré que este año vamos a seguir estudiando la generación del 27. Como estoy segura de que recordaréis, el año pasado vimos a Pedro Salinas, Rafael Alberti y Dámaso Alonso, entre otros. Hoy, vamos a comenzar por Federico García Lorca, y lo primero que quiero resaltar es que este último curso…

Desconecté. Lo reconozco. Solo durante unos segundos. Necesitaba estabilizar mi respiración, los latidos de mi corazón y el pulso, que resonaba como una campana enloquecida en mis sienes y en mis muñecas.

Alguien se aclaró la garganta y giré la cabeza por instinto. Por instinto de saber de quién procedía el carraspeo. Me crucé con la mirada azul de Paul; él, al verme, levantó la ceja derecha y señaló con los ojos el libro que tenía abierto encima de su mesa.

Entendí el mensaje:

«Atiende un poco, piojo. Lo vas a necesitar».

El día empezaba movidito.

«Bienvenida a tu último curso en el colegio».



♥♥♥



Después de una primera mañana bastante severa, mientras regresaba a casa en el metro escuchando música en mis auriculares (los lunes no teníamos clase por la tarde), pensaba que, a pesar de compartir clase de nuevo con mis dos mejores amigos, me sentía… extraña, desubicada, fuera de mi hábitat. Supuse que sería cuestión de tiempo. Me adaptaba bastante bien a los cambios. Con rapidez. Práctica, supongo.

Mamá había fallecido cuando yo tenía diez años. Se la llevó esa enfermedad de nombre tan sombrío, feo, que me niego a reproducir. Fue inesperado. No para ella. Para nosotros. No nos dijo que estaba enferma y, cuando quisimos darnos cuenta, se encontraba en fase terminal en la cama de un hospital.

De aquellos días solo recuerdo que sentí miedo. No sé si por ella, por mí o por ese nuevo elemento llamado muerte que acababa de entrar en nuestras vidas y que yo comenzaba a conocer. Fue duro. Me quedé sin madre de la noche a la mañana. Aunque, si tengo que ser sincera, hacía años que había dejado de ser mi madre para ser solo alguien al otro lado del teléfono.

Pocos meses después, me fui a vivir con mi padre.

Mi madre y mi padre no vivían juntos, ni siquiera se habían casado. Se quedaron embarazados cuando apenas habían cumplido los dieciocho y su relación no cuajó. Yo creo que no era su momento y no supieron entenderse. Me costó aceptar que no fueran pareja, y no me refiero a que no quisiera asumirlo, sino a que tardé en entenderlo. Cuando yo era pequeña, al menos en mi entorno, crecías con la creencia de que las familias estaban formadas por un padre y una madre casados y por unos hijos. Con ocho años me preguntaba por qué mi historia era diferente a la de los demás. Con diez años me preguntaba por qué mamá se había ido para siempre. Dos años más tarde, dejé de preguntarme nada.

Porque, dos años más tarde, nos dejó mi padre. Un conductor de autobús borracho que cubría la ruta San Ignacio-Bilbao fue el responsable. O que la muerte siempre gana. Nos gana a todos. Es algo que aprendí enseguida.

Me quedé sin padres.

Fue entonces cuando me fui a vivir con amama de manera permanente. Amama tampoco estaba casada. Lo había estado en su juventud, pero se divorció. A mi abuelo no llegué a conocerlo.

Amama siempre había sido testigo de primera línea de mi vida; me había criado. Mamá y yo vivimos con ella hasta que cumplí seis años y pudimos alquilar un pequeño y destartalado apartamento en el centro, que mejoró con los años y con el duro trabajo de mi madre. De hecho, cuando se marchó, me mudé con amama de nuevo, pero meses después de que mamá muriera decidí darle una oportunidad a papá. Es curioso que lo llame ahora de esa manera, papá, cuando en vida fui incapaz de hacerlo.

Se podría pensar que semejante panorama familiar, que semejante desarmonía entre mis padres y mi crianza, podría haber surtido efectos desastrosos en mi vida o mi personalidad.

Pero no.

Soy una persona abierta —aunque me muestre reservada, discreta, incluso tímida, en lo que importa de verdad—, sociable, comunicativa, extravertida, que transmite alegría de vivir y que aprecia los intercambios con los demás.

Una explicación plausible podría ser que mi personalidad voló por sí sola. Pero yo me inclino por otra alternativa: mi entorno familiar se encontraba en perfecto equilibrio, a pesar de las constantes pérdidas. Y todo gracias a amama. Ella era ese punto invariable en mi vida. El que hacía que no me volviera loca del todo. Que no me sintiera terriblemente vulnerable. O frágil. Abandonada.

—¡Amama! Ya estoy en casa —saludé al entrar. Siempre lo hacía así. Siempre repetía esas cinco palabras. Y nuestro perro, Conan, siempre me recibía igual: ladrando y moviendo la cola a toda velocidad—. ¿A qué huele?

Aspiré el aroma que desprendía toda la casa, el aroma que vincularía siempre a ella. Era la esencia de mi comida favorita: carne guisada.

—¿A qué crees que huele? —me respondió desde la cocina.

Me acerqué a los fogones, y a ella.

—A mi comida favorita —le dije mientras le daba un beso en la mejilla.

—¿Qué tal la mañana?

Amama no se había olvidado de que no tenía clase por la tarde. «Olvidado». Otra repugnante palabra de la que no quería saber nada. Tanto era así que la obviaba. A pesar de saber que no debería hacerlo. Oh, no, no debería haberlo hecho.

Pero lo hice. La saqué de mi sistema, ayudé a amama a poner la mesa y nos sentamos a comer juntas mientras charlábamos de cómo había pasado cada una la mañana. Amama siempre me contaba chismorreos de la gente del pueblo; era increíble que una localidad con tan solo tres mil habitantes diera tanto de lo que hablar a diario.

Al terminar, recogí los platos, los fregué y me senté junto a ella en el sofá para ver la telenovela de la sobremesa. No es que me gustaran especialmente, pero a ella le encantaba verlas, y yo solo quería quedarme adormilada a su lado.

Amama había sido enfermera la mayor parte de su vida. Trabajó durante su juventud en varios hospitales hasta que encontró un trabajo muy bien remunerado como enfermera particular de una señora que tenía mucho dinero, pero que vivía sola y necesitaba ayuda. Iba en silla de ruedas. Recuerdo deslizarme por los pasillos. Recuerdo coger velocidad. Así de grande era su casa.

Cuando la señora falleció, unos años atrás, amama era demasiado mayor como para encontrar otro trabajo, así que vivíamos con su modesta pensión y, aunque no nos faltaba de nada, tampoco nos sobraba. Yo le insistía en que quería trabajar para ayudar en casa, pero ella nunca me lo permitió, me repetía una y otra vez que mi única obligación era estudiar.

Estuve a punto de dejar el colegio privado al que asistía: era demasiado caro y no nos lo podíamos permitir, pero amama solicitó una beca y nos la concedieron. Así que me tomé en serio lo de estudiar. Siempre había sido aplicada, pero desde entonces lo fui todavía más. Fui la mejor.

A las nueve de la noche, me puse mis pantalones de chándal —eran de la marca Adidas, de color azul marino y con un par de rayas verdes en los laterales hasta la rodilla— y salí a correr. Siempre lo hacía a esa hora, cuando el resto de los habitantes del planeta Tierra ya se habían recogido en sus hogares. Creo que es de los pocos momentos en los que no escucho música en mi vida. Cuando corro. Me gusta oír el golpeteo de las zapatillas deportivas contra el asfalto y el sonido de mi respiración. Y tener la calle para mí sola. Y las luces. Y el susurro del viento. Y el olor del pueblo. Y el mar.

A escasos dos minutos de casa se encuentra el campo de rugby del pueblo. Es un pueblo pequeño, pero disponemos de un campo de rugby gigante. Aquel lunes la tarde comenzaba a caer y los siete focos que alumbraban la hierba estaban encendidos. Los jugadores calentaban al ritmo de los gritos del entrenador. Y entre todos ellos… estaba él.

Paul Uribe.
***
¡Muchas gracias por leer esta publicación! Si os ha gustado, podéis daros una vuelta por el blog y si os interesa su contenido, seguirlo cuesta muy poco y anima muchísimo a continuar 😉 
¡Que las buenas lecturas os acompañen!📚🙌

domingo, 19 de julio de 2020

LA FRAGILIDAD DE UN CORAZÓN BAJO LA LLUVIA

TÍTULO: LA FRAGILIDAD DE UN CORAZÓN BAJO LA LLUVIA
AUTORA: MARÍA MARTÍNEZ
EDITORIAL: PLANETA ( COLECCIÓN CROSSBOOKS)
GÉNÉRO: ROMÁNTICA, JUVENIL
SINOPSIS:

¿Y si tuvieras que perderlo todo para darte cuenta de que no tenías nada?
¿Si la única forma de recuperar tu vida es dejar que esta se derrumbe?
¿Qué ocurre cuando lo único que te queda es un corazón roto y un futuro incierto?
Darcy abandonó Tofino un día de diciembre, con el corazón repleto de sueños rotos y promesas sin cumplir. Desde entonces, no ha hecho otra cosa que huir de los recuerdos y sus heridas.
Ahora, sus pasos la han llevado de vuelta al principio.
A un lugar donde el amor y la culpa colisionan.
Donde la lluvia cuenta historias y esconde secretos.
Porque hay instantes que marcan toda una vida.
Porque a veces volver para decir «adiós» es lo único que puede salvarnos.


OPINIÓN Y VALORACIÓN PERSONAL:

Me gustan las sinopsis que desvelan poco o nada, abrir un libro como el que desenvuelve un regalo, con la ilusión de saber que se encuentra en su interior.
Es el caso de La fragilidad de un corazón bajo la lluvia, nuestra última lectura conjunta en el grupo del blog.
Como yo sabéis, siempre intento no desvelar yo tampoco cosas referentes a la trama del libro, pues soy de la opinión de que lo que debo compartir con los lectores, son mis sensaciones  durante la lectura. Una vez más, voy a intentarlo.
Darcy es una chica de veinticuatro años que vive en  Auckland, Nueva Zelanda. Aparentemente allí lleva una vida que más o menos la satisface, hasta que un martes catastrófico todo parece alinearse en su contra para que su precaria estabilidad salte por los aires. Además, el pasado llama a su puerta para recordarle que a parte de un corazón lleno de cicatrices, tiene cosas en su vida que debe resolver para poder avanzar. Para eso deberá regresar a Tofino (Vancouver, Canadá), el único lugar que una vez pudo llamar hogar.
Darcy ha construido su presente pensando en el dolor que los demás le causaron y volver a Tofino, la hará enfrentarse a sus propios errores y poder ver las cosas con la perspectiva que solamente da el tiempo. Me ha gustado muchísimo como reconoce sus faltas y no sólo eso, si no que intenta arreglar lo que puede y pasar página de lo que no puede, dándose permiso para seguir adelante.
Declan es de esos personajes que te estrujan el corazón, pues lleva un mundo de dolor, culpa y responsabilidad a sus espaldas, pero no es un chico taciturno ni amargado, es amable y bondadoso. Recuperar su maltrecho corazón va a ser difícil, pues sus circunstancias personales y los propios parámetros que rigen su mente, hacen que se encuentre estancado en el pasado, paralizado bajo esa lluvia que tanto odia.
Uno de los puntos fuertes de la historia que en mi opinión han sido muchos, es que está maravillosamente escrito. Todo en él emana belleza y dolor, la ambientación es perfecta, con esa lluvia (un personaje más dentro del  libro), como telón de fondo que cae entre bosques llenos de musgo y playas de olas surferas. Está lleno de reflexiones bonitas que te hacen utilizar el subrayador o el post-it contínuamente, si tienes esta costumbre como yo.
Declan y Darcy nos cuentan su historia, en capítulos cortos o muy cortos alternando pasado y presente (sin abusar de este recurso que a veces puede marear al lector) entre recuerdos, que hacen que las páginas del libro pasen sin darnos cuenta.
Es un libro muy emotivo, pues ambos son personas que han sufrido mucho y demasiado pronto, pero esas emociones están muy contenidas y en ningún caso se busca la lágrima fácil. Nuestros protagonistas tuvieron un pasado, en el presente se relacionan sin máscaras ni artificios con una creíble y preciosa naturalidad, pero deberán entender lo que necesitan, dejar lastre y cerrar temas pendientes para poder aspirar a un futuro común. Por separado son adorables. Juntos  consiguen resplandecer por encima de la lluvia de Tofino. 

CONCLUSIÓN: 

La fragilidad de un corazón bajo la lluvia, ha sido una lectura deliciosa en que todas las tramas del libro quedan muy bien resueltas encajando como las piezas de un puzle. Es un libro precioso en que la manera como está contada la historia con ese cariño, cuidado y sensibilidad, te deja un corazón lleno de sentimientos bonitos sin sentimentalismos banales.
Por último y para mí muy importante, el mensaje que transmite me ha gustado muchísimo siendo como es un libro que puede ir destinado al público juvenil. No puedo más que felicitar a la autora por su buen trabajo y agradecer a mis compañeras de Lectura Conjunta su participación y sus comentarios, que enriquecen cada experiencia que compartimos. Gracias de corazón, chicas.

PUNTUACIÓN: 5/5📚



"Mi mente comenzó a buscar razones por las que no debía ir a la habitación del señor Stern. Encontró muchas, demasiadas, que deberían haberme convencido del error que cometía. Pero ella estaba allí y yo...
Yo tenía que verla. La única persona que me hizo sentir que el mundo guardaba un lugar para mí.
Ella era lo mejor que yo había tenido"

" Las personas van y vienen, entran y salen, se marchan y te abandonan. Te traicionan. Ocurre todo el tiempo. Pero no desaparecen, no realmente, solo van a otra parte(...)
Pero la muerte...
La muerte no tiene opciones ni posibilidades. Llega, se marcha y solo te deja instantes, recuerdos, sentimientos; y depende de nosostros que contendrá esa maleta invisible con la que cargaremos después. De nosotros depende su peso. Porque entre la añoranza y el arrepentimiento hay todo un mundo."

" Miré a Declan , que contemplaba la lluvia muy serio. Me pregunté cual sería su versión de nuestra historia. Aunque no estaba segura de querer conocerla. Me asustaba la respuesta porque el corazón es frágil. Si se rompe  demasiadas veces, quizá llegue una en la que no pueda recomponerse.
Mi corazón apenas se sostenía."






LA FRAGILIDAD DE UN CORAZÓN BAJO LA LLUVIA

TÍTULO: LA FRAGILIDAD DE UN CORAZÓN BAJO LA LLUVIA
AUTORA: MARÍA MARTÍNEZ
EDITORIAL: PLANETA ( COLECCIÓN CROSSBOOKS)
GÉNÉRO: ROMÁNTICA, JUVENIL
SINOPSIS:

¿Y si tuvieras que perderlo todo para darte cuenta de que no tenías nada?
¿Si la única forma de recuperar tu vida es dejar que esta se derrumbe?
¿Qué ocurre cuando lo único que te queda es un corazón roto y un futuro incierto?
Darcy abandonó Tofino un día de diciembre, con el corazón repleto de sueños rotos y promesas sin cumplir. Desde entonces, no ha hecho otra cosa que huir de los recuerdos y sus heridas.
Ahora, sus pasos la han llevado de vuelta al principio.
A un lugar donde el amor y la culpa colisionan.
Donde la lluvia cuenta historias y esconde secretos.
Porque hay instantes que marcan toda una vida.
Porque a veces volver para decir «adiós» es lo único que puede salvarnos.


OPINIÓN Y VALORACIÓN PERSONAL:

Me gustan las sinopsis que desvelan poco o nada, abrir un libro como el que desenvuelve un regalo, con la ilusión de saber que se encuentra en su interior.
Es el caso de La fragilidad de un corazón bajo la lluvia, nuestra última lectura conjunta en el grupo del blog.
Como yo sabéis, siempre intento no desvelar yo tampoco cosas referentes a la trama del libro, pues soy de la opinión de que lo que debo compartir con los lectores, son mis sensaciones  durante la lectura. Una vez más, voy a intentarlo.
Darcy es una chica de veinticuatro años que vive en  Auckland, Nueva Zelanda. Aparentemente allí lleva una vida que más o menos la satisface, hasta que un martes catastrófico todo parece alinearse en su contra para que su precaria estabilidad salte por los aires. Además, el pasado llama a su puerta para recordarle que a parte de un corazón lleno de cicatrices, tiene cosas en su vida que debe resolver para poder avanzar. Para eso deberá regresar a Tofino (Vancouver, Canadá), el único lugar que una vez pudo llamar hogar.
Darcy ha construido su presente pensando en el dolor que los demás le causaron y volver a Tofino, la hará enfrentarse a sus propios errores y poder ver las cosas con la perspectiva que solamente da el tiempo. Me ha gustado muchísimo como reconoce sus faltas y no sólo eso, si no que intenta arreglar lo que puede y pasar página de lo que no puede, dándose permiso para seguir adelante.
Declan es de esos personajes que te estrujan el corazón, pues lleva un mundo de dolor, culpa y responsabilidad a sus espaldas, pero no es un chico taciturno ni amargado, es amable y bondadoso. Recuperar su maltrecho corazón va a ser difícil, pues sus circunstancias personales y los propios parámetros que rigen su mente, hacen que se encuentre estancado en el pasado, paralizado bajo esa lluvia que tanto odia.
Uno de los puntos fuertes de la historia que en mi opinión han sido muchos, es que está maravillosamente escrito. Todo en él emana belleza y dolor, la ambientación es perfecta, con esa lluvia (un personaje más dentro del  libro), como telón de fondo que cae entre bosques llenos de musgo y playas de olas surferas. Está lleno de reflexiones bonitas que te hacen utilizar el subrayador o el post-it contínuamente, si tienes esta costumbre como yo.
Declan y Darcy nos cuentan su historia, en capítulos cortos o muy cortos alternando pasado y presente (sin abusar de este recurso que a veces puede marear al lector) entre recuerdos, que hacen que las páginas del libro pasen sin darnos cuenta.
Es un libro muy emotivo, pues ambos son personas que han sufrido mucho y demasiado pronto, pero esas emociones están muy contenidas y en ningún caso se busca la lágrima fácil. Nuestros protagonistas tuvieron un pasado, en el presente se relacionan sin máscaras ni artificios con una creíble y preciosa naturalidad, pero deberán entender lo que necesitan, dejar lastre y cerrar temas pendientes para poder aspirar a un futuro común. Por separado son adorables. Juntos  consiguen resplandecer por encima de la lluvia de Tofino. 

CONCLUSIÓN: 

La fragilidad de un corazón bajo la lluvia, ha sido una lectura deliciosa en que todas las tramas del libro quedan muy bien resueltas encajando como las piezas de un puzle. Es un libro precioso en que la manera como está contada la historia con ese cariño, cuidado y sensibilidad, te deja un corazón lleno de sentimientos bonitos sin sentimentalismos banales.
Por último y para mí muy importante, el mensaje que transmite me ha gustado muchísimo siendo como es un libro que puede ir destinado al público juvenil. No puedo más que felicitar a la autora por su buen trabajo y agradecer a mis compañeras de Lectura Conjunta su participación y sus comentarios, que enriquecen cada experiencia que compartimos. Gracias de corazón, chicas.

PUNTUACIÓN: 5/5📚



"Mi mente comenzó a buscar razones por las que no debía ir a la habitación del señor Stern. Encontró muchas, demasiadas, que deberían haberme convencido del error que cometía. Pero ella estaba allí y yo...
Yo tenía que verla. La única persona que me hizo sentir que el mundo guardaba un lugar para mí.
Ella era lo mejor que yo había tenido"

" Las personas van y vienen, entran y salen, se marchan y te abandonan. Te traicionan. Ocurre todo el tiempo. Pero no desaparecen, no realmente, solo van a otra parte(...)
Pero la muerte...
La muerte no tiene opciones ni posibilidades. Llega, se marcha y solo te deja instantes, recuerdos, sentimientos; y depende de nosostros que contendrá esa maleta invisible con la que cargaremos después. De nosotros depende su peso. Porque entre la añoranza y el arrepentimiento hay todo un mundo."

" Miré a Declan , que contemplaba la lluvia muy serio. Me pregunté cual sería su versión de nuestra historia. Aunque no estaba segura de querer conocerla. Me asustaba la respuesta porque el corazón es frágil. Si se rompe  demasiadas veces, quizá llegue una en la que no pueda recomponerse.
Mi corazón apenas se sostenía."






VUESTRAS ENTRADAS PREFERIDAS EL ÚLTIMO MES